Ayer el peronismo no festejó dividido. Aunque hubo cuatro actos, la picaresca justicialista explica que a pesar de las apariencias, el 17 de octubre sigue siendo el día de la Lealtad. Para eso se inventaron los chistes que dicen que los peronistas son como los gatos, que cuando chillan no se sabe si están peleando o se están reproduciendo; o la teoría sociocultural de Perón, según la cual todo el espectro político nacional (conservadores, socialistas, radicales, etc.) se identifica en el fondo como peronista. Peronistas somos todos, parece.
Así, cada ruptura en las filas justicialistas no implicaría un accidente con costo político para “el Movimiento” sino otro episodio de diseminación exitosa del gen PJ en el ADN de la República. Por ejemplo, si el macrismo peronista porteño denuncia la alianza del macrismo bonaerense con un grupo filoperonista, en contra de la candidatura de Francisco de Narváez (otro afiliado peronista), eso no hablaría de divisiones en el peronismo, sino de la versatilidad de los herederos del General para ocupar todos los espacios, más allá de cualquier contradicción. Al día de la Lealtad, estamos todos invitados. La cuestión, en todo caso es saber a qué fiesta ir. Es sólo cuestión de timing, aunque conviene no errar el momento y el lugar, porque el castigo es quedarse sin porción de torta.
Ese dilema padecieron durante la semana los pejotistas asociados con el Gobierno. Hasta el fin de semana pasado, el único acto oficial por el 17 de octubre iba a ser el convocado por Néstor Kirchner a Entre Ríos. Pero a último momento hubo un golpe de timón, y los ministros, gobernadores y los intendentes del Conurbano se desayunaron con los diarios del lunes que habría otro acto –encabezado por Cristina- para el que había que movilizar unas 40.000 personas. Sí, se enteraron por los diarios. La confusión hizo arder los teléfonos de los municipios de la primera a la tercera sección electoral bonaerense, e incluso el gobernador Daniel Scioli mendigó precisiones a último momento para saber adónde tenía que ir y qué aporte se esperaba de él en la Casa Rosada. Nadie supo responderle: los intendentes bonaerenses estaban muy ocupados maldiciendo la improvisación pingüina, y la falta de consideración hacia ellos, que supuestamente son el gran búnker político donde se refugia el kirchnerismo en crisis. Mientras Parrilli transpiraba la camisa para garantizar los oradores y montar la “carpa estética” para la Presidenta en el estadio de Malvinas Argentinas, en el corazón del Conurbano, uno de los jefes comunales que no sabía si estaba o no invitado al festejo confiaba su nostalgia ante este diario: “Esto con Duhalde no pasaba. El Negro te respeta, tiene grandeza, está más allá de las boludeces, no como estos tipos.” Por las dudas, conviene aclarar que al decir “estos tipos” se refiere a los Kirchner y su entorno, es decir al oficialismo que supuestamente defenderá en las urnas el año que viene. “Este acto se hizo rápido y mal, no sabemos por qué, quizá para compensar el capricho del de Entre Ríos, que se hizo para mojarle la oreja a De Ángeli y a los que apoyaron al campo. Por pura venganza, para seguir confrontando: justamente todo lo contrario de lo que necesitamos todos ahora en esta época de crisis”, se quejaba uno de los capos territoriales bonaerenses.
En una oficina muy distinta, montada con elegancia en un cotizado barrio porteño, se cocinó durante la semana el otro acto de la Lealtad, pensado por el duhaldismo para multiplicar las chances de Francisco De Narváez (asociado o no, el futuro dirá, a Felipe Solá) de ganarle a la lista de Kirchner para el 2009. La última encuesta que le leyeron a Duhalde indica que “el Colorado” tiene mejores parámetros de imagen electoral que el propio Néstor, a quien no le creen que se presente como candidato a legislador: “Sería un suicidio político, mucho para perder y poco para ganar”, dicen los organizadores del acto de Ferro. Más allá de las maquiavélicas elucubraciones oficialistas sobre el sentido táctico de la supuesta postulación de Kirchner para el año próximo, los analistas que piensan para Duhalde creen que la movida del titular del PJ y marido presidencial en ejercicio del mando es producto de un ataque de nervios por la perspectiva de una salida del poder muy complicada. “Kirchner está pensando básicamente en cómo asegurarse un fin de mandato seguro, sin demasiadas complicaciones judiciales. Y para eso precisa no perder demasiados legisladores en el 2009.” La fuente se refiere al control de la comisión parlamentaria de Justicia, desde donde se puede monitorear políticamente el accionar de jueces que tienen en sus manos expedientes explosivos de causas por presunta corrupción, que involucran a ministros K y que llegan hasta el apellido Kirchner. Ésa será la obsesión pingüina en el 2010 y el 2011: no terminar como Menem, esquivando juicios con un parte médico en el bolsillo.
Pero primero hay que pasar el 2009. El Gobierno maneja dos escenarios, en base al mismo dato: la desaceleración de la economía viene frenando el índice de creación de nuevos empleos, al punto que a fin de este año se llegará a cero, y se espera que el 2009 sea un año de destrucción neta de empleos. La cuestión es a qué ritmo. Si la pérdida de empleos es moderada y gradual, tal vez sea hasta una buena noticia para Kirchner, si ese fenómeno de enfriamiento económico le sirve para planchar la inflación justo en el período electoral. Pero si la caída del empleo se vuelve un derrumbe, el pánico social se le puede volver en contra, y reflejarse vertiginosamente en las urnas. En ese caso, no habrá lealtad que le alcance.
lunes, 10 de noviembre de 2008
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