lunes, 26 de enero de 2009

LOS BOKETEROS

Las vacaciones no aquietaron el temperamento conflictivo de la administración K, salvo en el Congreso, donde los que quedaron de guardia no pueden sacudirse la modorra de la siesta. La calma chicha en el circuito parlamentario obedece a que todavía no ha aparecido el temario legislativo que el Ejecutivo acostumbra a enviar durante enero, para que se traten y sancionen leyes en las sesiones extraordinarias de febrero. La demora administrativa –y la calma aparente- esconde un problema político: el Gobierno tiene dudas sobre su capacidad de convicción para asegurarse el voto mayoritario de los legisladores propios. Sucede que la coyuntura electoral está poniendo nerviosos a muchos parlamentarios oficialistas, especialmente a los que les toca dejar sus bancas en el turno 2009. Antes de garantizar su apoyo a los proyectos kirchneristas, quieren una promesa de que podrán renovar sus mandatos, es decir, que habrá para ellos un lugar interesante en las listas electorales que por estos días borronean los maestros punteros de Néstor Kirchner. Lo que los angustia es la certeza de que las listas oficialistas están quedando chicas, por dos motivos: a) hay demasiados anotados para figurar en el turno 2009, porque puede ser el último en que el kirchnerismo mande, ya que el 2011 pinta como la era de la gran estampida pingüina; b) las encuestas no pronostican amplios márgenes a favor de las boletas K, por lo que la única manera de estar seguro de quedar adentro del Congreso es arañar los primeros lugares de la lista, el resto es una lotería. Los animales políticos del peronismo hoy miran a Olivos como si fuera el Arca de Noé.
En la Casa Rosada se muestran ofendidos con tanta mezquindad y deslealtad de algunos parlamentarios, especialmente de aquellos que, según los operadores K, no sólo recibieron sus bancas sino también el control de cajas de la política en sus respectivas provincias (entes recaudadores varios), por lo cual deberían estar agradecidos y dispuestos a un sacrificio patriótico por la causa revolucionaria. Incluso ese tema tabú está en las mesas de discusión y en las servilletas que garabatean punteros y parlamentarios en estos días de calor. El reproche de algunos legisladores oficialistas sobre este tema es que algunas de esas cajas acaban de ser cedidas o compartidas con aliados parlamentarios circunstanciales a los que el Gobierno tuvo que pedirles el voto para pasar las últimas leyes polémicas del Ejecutivo. La susurrante rebelión parlamentaria es apenas un ejemplo concreto de las dificultades de gobernar cuando empieza a olerse el despoder.
Kirchner no ignora ni relativiza este fenómeno, y en las acciones de sus soldados más obedientes se nota un cambio de táctica que intenta conservar la estrategia pero por otros medios. Con un poder que se desinfla, ya no se puede voltear paredes para seguir avanzando. Ahora hay que intentar perforarlas. Rotas las topadoras, es tiempo de boqueteros.
Hace dos meses, en el espacio de esta columna, consignamos la existencia de un presunto documento interno de la Secretaría de Finanzas que detallaba los manotazos que podría dar el Gobierno en caso de urgencia financiera. Durante aquella semana de noviembre, voceros gubernamentales del área económica llamaron a las redacciones periodísticas para negar la autenticidad del informe, que evaluaba la viabilidad de un supuesto Plan de Financiamiento de Emergencia, que incluía la estatización de los fondos previsionales y la “captación de los fondos en efectivo depositados en las cajas de seguridad”. Esta última medida podría justificarse jurídicamente –según el dudoso informe reservado que circuló por internet- amparándose en la Ley Penal Tributaria, de acuerdo a la presunción de que buena parte de esos ahorros no están blanqueados ante la AFIP. El tema quedó en el olvido, por descabellado. No obstante, apenas dos meses más tarde, el flamante encargado de recaudar impuestos, Ricardo Etchegaray, ordenó “invitar” por carta a los dueños del medio millón de cofres bancarios a que se sumen a la lista de morosos que podrán acojerse a la nueva ley de blanqueo de capitales. En el Gobierno están preocupados por las pobres perspectivas de éxito recaudatorio que le ven a la legislación pensada para repatriar capitales. Esto explica la presión sobre Etchegaray para que siga raspando el fondo de la olla, en busca de fortunas escondidas. Pero en la city porteña no creen que el asedio a las cajas de seguridad arroje grandes sorpresas: “Los que tenían mucha guita, ya la sacaron a Uruguay el año pasado, y los que mantienen valores en los cofres son pequeños contribuyentes”, explica el vocero de un banco con mucho movimiento en el rubro de los cofres personales.
Tal vez se trate de una acción más política que financiera, con el fin de marcar presencia, meter miedo y embarrar la cancha. Así hizo Guillermo Moreno esta semana, cuando se le metió a Hermes Binner en su provincia para agujerear el frente ruralista: la velocidad y hasta la euforia del Gobierno para denunciar -sin pruebas concluyentes- que el incendio en el lugar donde habló Moreno fue intencional es un síntoma de esta ansiedad de plantar bandera en territorios que le son cada vez más esquivos. Esa metodología boquetera –de la cual Moreno es pionero, con su marcación personal a los formadores de precios- es la que temen los estrategas de la oposición. Tienen la teoría de que Néstor está metiéndole taladro a las incipientes alianzas que se van armando en cada distrito electoral. Sin ir más lejos, el macrismo peronista está mirando con buenos ojos la opción Reutemann 2011 –fogoneada desde Olivos-, luego del escándalo de los “diputruchos”, que dividió más las aguas entre el PRO y la pata PJ del gobierno porteño. Aunque la atomización interna que sigue padeciendo la oposición no es obra de Kirchner, los boqueteros oficialistas también martillan esa pared.

lunes, 19 de enero de 2009

SUBÍ QUE TE LLEVO (PUESTO)

Decían que iba a ser un verano tranquilo, que hasta marzo no arrancaría la agenda conflictiva del año. Pero subió la temperatura, y el Gobierno pisó el acelerador para salir a atropellar.
No se puede saber todavía –entre otras cosas, por su desprolija implementación- si la batería de anuncios navideños de Cristina ayudará a frenar la recesión. Lo que sí ya saben en Olivos es que a la clase media no podrán enamorarla con un par de heladeras y autos sin aire acondicionado. También reconocen en el entorno presidencial que la ley de blanqueo de capitales negros tampoco está dando los resultados soñados. Los empresarios y los sindicalistas no parecen moderar sus apetitos ni arrugar ante el panorama de desaceleración local y el derrumbe financiero global. Para no perder la costumbre, el oficialismo le echa la culpa a la prensa, porque supuestamente no está reflejando la crisis internacional en toda su crudeza, y si lo hiciera, resaltaría por contraste la fortaleza relativa del modelo K. Esta reacción de matar al mensajero podría ser interpretada como un síntoma de impotencia del Gobierno, aunque conociendo su paranoia mediática, se puede tomar como más de lo mismo. Lo que sí es una señal de impotencia es el llamado de la Presidenta a los empresarios para que la ayuden a sostener la actividad y el empleo, en una apelación al altruismo que evoca aquella frase del ministro de Economía alfonsinista que se quejó de que le hablaba a los empresarios “con el corazón y contestaron con el bolsillo”. Para colmo, la oposición empezó a encontrar maneras para superar sus divisiones coyunturales, y empezó a meter miedo y sembrar dudas en el oficialismo no pingüino.
Fiel a su manual de autoayuda, Néstor Kirchner pegó otro volantazo, esta vez hacia la derecha. Fogoneó la alternativa electoral de Carlos Reutemann (un conservador moderado, según parámetros kirchneristas) para empiojar el mapa del peronismo disidente, incluso en el inasible distrito porteño: acaba de resucitar una minicorriente “lolista” en la interna del PJ Capital, que saldrá a hacer campaña y a armar listas para las elecciones legislativas de este año bajo el lema “la tercera es la vencida”, en referencia a los amagues presidenciales del ex piloto de Fórmula Uno.
El volantazo antiprogre también apuntó a Gualeguaychú, donde los ambientalistas no logran salir del asombro de ver al Gobierno defender a Botnia y ponerse del lado de los turistas que quieren cruzar a Uruguay. El brusco cambio de opinión presidencial sobre la protesta anticontaminante reavivó el espíritu de lucha de la desinflada asamblea entrerriana, y a nivel nacional significó que el oficialismo siga derrochando credibilidad: el leit motiv de los oyentes que llaman a las radios es, por estas horas, el “panquecazo” kirchnerista en el conflicto de las papeleras.
Los ambientalistas no son los únicos que están cortando rutas provocados por las medidas oficiales. El sector rural rompió su tregua de vacaciones y adelantó la Guerra Gaucha 2009, en respuesta a los anuncios de Cristina para aliviar los efectos económicos de la sequía que ahoga a los campos. De todos modos, ya hay alarma en las áreas de ayuda social del Gobierno porque no es improbable que, luego de una temporada seca, se produzcan inundaciones, que siempre ponen en evidencia la pobreza de un país, como bien lo aprendió George Bush durante la emergencia del Katrina.
También hay alerta electoral en los encargados de aliviar el impacto social de la desaceleración económica. En un año de elecciones, los funcionarios kirchneristas saben que la oposición y los medios críticos pondrán la lupa en las escenas de clientelismo explícito, especialmente en el conurbano bonaerense. Los K juran estar advertidos y curados en salud por los escándalos de otros turnos electorales. Esta vez, dicen que la intervención no se hará regalando colchones, lavarropas y DVDs, sino que se enfocará en el zurcido de emergencia del tejido productivo dañado, con el objeto de no perder tantos empleos. El plan consiste en involucrar a sindicatos, municipios (especialmente de intendentes aliados) y a cooperativas para reflotar empresas que cierran o para reubicar trabajadores despedidos. El inversor es, bien a la moda, el Estado. Avisan que en febrero habrá otra tanda de anuncios del Ejecutivo, pero que será más claro el beneficio para los estratos más pobres de la pirámide social.
Según la evaluación oficialista, las rutas cortadas por opositores en plena temporada le dan aire al Gobierno. Lo mismo pasa con la confusa proliferación de caras con aspiraciones electorales. El camino es duro, pero el kirchnerismo cree que, a fuerza de baches y vuelcos, el horizonte poselectoral será de confusión, la suficiente como para reivindicar un “ajustado triunfo” kirchnerista, mientras los opositores se pelean entre ellos por ver quién fue bendecido por las urnas para correr hasta el 2011. La polvareda que nuble convenientemente la ruta estará a cargo de los medios oficialistas, que ya comenzaron a obedecer –más papistas que el Papa- a órdenes de censura aún no impartidas. Así pasó en Radio del Plata contra Nelson Castro, y en Canal 7, donde incluso llegaron llamados de funcionarios K quejándose por el celo oscurantista del director del canal, Tristán Bauer, quien por miedo a meter la pata en la cobertura de eventos públicos, ordena no enfocar no sólo a Cobos sino a cualquier funcionario que no tenga el OK explícito de Presidencia. El operativo “Arena en los Ojos” ya está en marcha.

lunes, 12 de enero de 2009

EL AÑO DE LA MUROCRACIA

En su novela “Escoria”, el Premio Nobel de Literatura Isaac Bashevis Singer le hace decir al protagonista: “Es un lugar donde la sangre hierve. La gente habla mal de Argentina, pero si fueran allí lo comprenderían. Se tiene una necesidad imperiosa y se hace todo lo posible para satisfacerla enseguida.” Y es así.
Más que nunca, la Argentina está así. Cada vez hacemos menos por el futuro, pero cada vez más queremos que el mañana llegue y nos dé todo, ahora, ya. Aunque el dato político de la semana pareció ser la prematura postulación presidencial de Carlos Reutemann, hubo otro hecho, más concreto y a la vez más simbólico, que muestra el pulso real de los argentinos, los mismos que en octubre serán llamados a las urnas. Un muro: los vecinos autoconvocados de Lomas del Mirador (en Paraná, Entre Ríos) juntaron ladrillos y convencieron a su intendente (aliado K, pero eso es anecdótico) de que los ayude a construir un paredón de 30 metros de largo y dos de alto que los separe de la otra parte del barrio. Quieren seguridad. Ya mismo. Y se les ocurrió cercar la manzana y convertir el espacio público en un laberinto triste y probablemente ineficaz contra el delito. Ahora, la mitad progresista del establishment mediático y político del país los está sermoneando, mientras la otra mitad los sigue atemorizando con alertas paranoicos contra la inseguridad cotidiana. Nadie les acerca soluciones, claro. Y entonces los vecinos ensayaron la suya, equivocados o no, pero convencidos de que los políticos que ven en la tele no les hablan a ellos.
Estamos en plena “murocracia”. Crecen los cercos y paredones, y todo lo que parecía unido, se divide. El Gobierno acaba de cambiar de idea sobre el conflicto de Botnia. Hasta hace poco, Néstor Kirchner aplaudía la protesta ambientalista de Gualeguaychú, y la acompañó con una denuncia en La Haya y una escalada verbal que pudrió lazos diplomáticos con Uruguay. El cerco de reposeras que bloquea la ruta internacional se amparó en la vista gorda de las fuerzas de seguridad nacionales, que desoyeron, con el OK de la Casa Rosada, la orden judicial de despejar el paso fronterizo. Los uruguayos respondieron vetando la candidatura de Kirchner a la Unasur, el organismo regional que aspira a conducir el presidente argentino. Ahora todo cambió, y el kirchnerismo decretó el aislamiento del asambleísmo antipapelera. Incluso un piquetero profesional como Luis D’Elía salió a reforzar el cerco oficial contra el piquete ambientalista, defendiendo la seriedad del capitalismo nórdico. Tal vez hubiera sido útil su opinión experta sobre la conflictividad social del muro de Lomas del Mirador, pero estaba ocupado pidiendo paredón justiciero para los israelíes que bombardean Gaza.
Kirchnerismo sin Kirchner. Macrismo sin Macri. Lilismo sin Lilita. Se puso de moda ponerle un nombre optimista a la brecha entre los aparatos y sus presuntos líderes. Esa valla pone en evidencia la crisis de los partidos, aunque no resuelve el abismo, mucho más grave, entre los candidatos y los votantes. Hoy toda alianza electoral parece posible porque en realidad a nadie que no sea político o periodista le importa demasiado el minué del armado de listas. Sin embargo, el día de la votación, la falta de bases partidarias se hará sentir. Por eso la oposición salió a pedir un cambio en el sistema electoral que instale la boleta única, donde el votante marca a su elegido. La excusa –muy atendible- es el miedo al fraude oficialista. Pero hay otra verdad: la torpeza y debilidad logística de los grupos opositores (evidentemente, no son partidos) para hacerle llegar boletas a sus simpatizantes y, mucho peor, para comprometerlos a que sean fiscales de mesa el día de la elección. “Si una fuerza no es capaz de reunir al menos un fiscal por escuela, entonces no puede gobernar un país”, chicaneó el diputado peronista Jorge Landau. Y algo de razón tiene: la oposición debe demostrar que puede hacerse cargo de problemas concretos que requieran apoyo popular antes de arribar al Estado. Con los recursos estatales, es fácil sumar adeptos y resolver problemas de gobernabilidad. Es lo que hace Kirchner, y por eso lo tildan de clientelista y extorsionador.
¿Hay salida a la “murocracia”? Eduardo Duhalde, cómplice y víctima de esta metástasis de corralitos sociales, acaba de convocar a los dirigentes ruralistas a que protagonicen el año electoral. No es el único llamado desesperado a la sociedad civil para que llene el vacío de los espacios partidarios. Más silencioso pero no menos efectivo es el avance del vecinalismo a nivel municipal, que ya es la tercera fuerza nacional. El vecinalismo partidario previene, o al menos le garantiza un debate previo, a reacciones espasmódicas como la del paredón de Lomas del Mirador. Pero este camino es no apto para impacientes. Para ellos sirve el modelo de Cristina, que se cansó de las paredes que rodeaban su despacho y mandó a voltearlas y a construir muros nuevos, más adecuados a sus hábitos de circulación por la casa de Gobierno. Eso es capacidad de gestión.

sábado, 3 de enero de 2009

MR. MADOFF VISITA OLIVOS

En los brindis de fin de año en casa de hombres y mujeres de la política, las charlas de madrugada giraron en torno a los escenarios más probables, más deseables, y más temidos para el 2009. Una de las especulaciones más inquietantes le pertenece a uno de los gobernadores que integran la lista imaginaria de oficialistas “críticos”, que por lo bajo amenazan con abrirse de la Casa Rosada para lanzar el poskirchnerismo. La llama “el efecto Madoff”, por el financista neoyorquino que estafó por miles de millones de dólares, durante décadas, a grandes inversores que confiaron ciegamente en su destreza bursátil. El fantasma de Madoff, según este kirchnerista pseudoarrepentido, ronda la Quinta de Olivos.
Cuando ya estaba rodeado por el FBI, Bernard Madoff llamó a sus gerentes de mayor confianza –que eran sus hijos- y les confesó que estaba quebrado y que su poder era una mentira que había logrado sostener por mucho tiempo, pero ya no. La fórmula mágica que le dio poder y riqueza es conocida como “esquema Ponzi”, una cadena de préstamos y colocaciones que va desplazando la pérdida en efecto dominó, quitándole los ahorros a uno para pagar la deuda con el anterior, y así hasta el infinito. La clave era mantener la confianza de todos los inversores en el poder de Madoff: el día en que se abrió una grieta en esa ilusión de invulnerabilidad, la pirámide que parecía de piedra se derrumbó como un castillo de naipes.
Lo mismo, siguiendo la comparación, podría pasarles a los que apostaron varios años por Néstor Kirchner. La sensación que gana terreno por estos días en la política local es que el presidente le quita a unos para pagar a otros, a un ritmo de rotación que se acelera a medida que se acerca el turno electoral de octubre. No se trata solo de dinero sino también de poder, según puede inferirse de la calesita de premios y castigos que hace girar a los funcionarios del Gabinete, y a los gobernadores, los legisladores, los dirigentes sociales, las empresas que hacen negocios con el Estado, e incluso los medios de comunicación.
En aparente proceso de despoder, Kirchner recurre una vez más a su viejo truco de doblar la apuesta, intentando mostrarse más poderoso. Sentado sobre un botín de poder y dinero cada vez más centralizado, Néstor será el gran expropiador y repartidor del año que comienza. Y el juego salvajemente pragmático del 2009 será precisamente el de ver quiénes se llevan las porciones más grandes del reparto K. Eso sí, sin quedar pegados al momento del derrumbe del glaciar patagónico.
Éste será el año en que las firmas contratistas del Estado pujarán por los miles de millones del paquete “keynesiano” anunciado por Cristina. También será el año en que los funcionarios kirchneristas encargados de distribuir esos contratos harán valer sin recato su derecho a participar de la alegría de la reactivación, llámese 15 por ciento de pizza con champán, o 15 por ciento de cordero patagónico y malbec. Habrá tironeos más tensos por la propiedad de empresas privatizadas. Es ahora o nunca. Como le dijo a este periodista un aguerrido empresario ultraoficialista: “Estoy harto de juntar las migajas de los Roggio, los Rocca y los Pérez Companc.” También dijo que Néstor no tiene pasta de mariscal de la derrota, no es buen perdedor: “Cuando se retira, incendia y deja terreno arrasado a su paso.”
El 2009 traerá una ola de pases de bando y de candidaturas sorpresa que por momentos alimentarán la percepción de que hay Néstor para rato. La cancha electoral se embarrará hasta dar asco; y el día después de las elecciones es posible que –a diferencia de lo que pronostican muchos analistas- el panorama de ganadores y perdedores, de oficialistas y opositores, quede todavía más confuso que el de hoy. Habrá denuncias cruzadas, y los carpetazos de Inteligencia con prontuarios de candidatos molestos lloverán sobre las redacciones periodísticas. Los medios K cobrarán demasiado cara su lealtad al Gobierno, y Cristina seguirá dirigiéndose a los periodistas –como hizo esta semana- no para hablarles de su gestión como presidenta sino para darles lecciones de periodismo moderado. No le importará que alguna vez Horacio Verbitsky, en su libro “Un mundo sin periodistas”, haya explicado que la función del periodista es criticar, no justificar al gobierno de turno haciendo el inventario de sus aciertos. Para eso está la propaganda oficial.