lunes, 23 de marzo de 2009

EL GALLITO CIEGO

En 1824, año clave para la resolución de las batallas por la independencia sudamericana, el general Sucre le imploraba a Bolívar un mapa del Perú. Recién después de las guerras aparecieron los atlas de Colombia y de Venezuela. Nada cambió en estas tierras: seguimos marchando a la contienda a ciegas, esperando que los ríos de sangre derramada nos marquen la cancha para saber adónde estamos parados.
Por eso nos reímos del espíritu planificador de los ciudadanos del “primer mundo” cada vez que una crisis cíclica les rompe los esquemas y los obliga a improvisar. El problema es que las potencias sufren un shock desconcertante cada dos o tres décadas, y los países como Argentina viven improvisando. No conocen otro estado que el de shock: feliz o trágico, pero siempre conmocionante. Si fuera una película, sería divertido; pero cada día es tan real, tan patético, que duele.
Enumerar la tira de agravios, chicanas y amenazas que se intercambiaron los protagonistas de la política en las últimas horas muestra los efectos culturales de “la jugada maestra de Néstor”, tal como califican a puertas cerradas los propios operadores de la oposición a la decisión de adelantar el calendario de la ingobernabilidad nacional. En apenas una semana, Kirchner dinamitó todos los caminos a octubre, hizo explotar el futuro cercano, asustado no por su incertidumbre sino precisamente por todo lo contrario: el Gobierno tuvo la certeza de su incapacidad para detener la decadencia política y económica del ciclo K.
Todo o nada: el oficialismo no desea otra salida. Porque había otra salida. La sociedad civil -hastiada y confundida por sus propias contradicciones- y el arco opositor –anémico por sus propias mezquindades- estaban convenciéndose lentamente de que debían dejar de distraerse insultando al matrimonio presidencial y arremangarse para parir una alternativa de gobernabilidad para cuando hiciera falta. Y eso no es espíritu destituyente, eso es la lógica democrática: alternancia desdramatizada, sin hipocresías pseudorevolucionarias. Pero ese camino precisaba tiempo, medio año al menos. Octubre era una fecha posible, prevista por la ley. Pero a Néstor no le convenía, y se lo hizo pagar al país, que tiene problemas más profundos y colectivos que garantizar la continuidad de la hegemonía de una tribu política santacruceña.
Y así se desató el vale todo.
Una aliada del Gobierno en su versión de los Derechos Humanos le gritó “puta” a Susana Giménez y “pelotudo” a Sandro, enojada por el imparable debate público por la mano dura, la mano justa o la mano firme. La gente rica y pobre que marchó a la Plaza de Mayo reclamando seguridad no es una minoría facha: la última encuesta de la consultora Poliarquía, por citar una, muestra que la inseguridad ranquea primera en la lista de preocupaciones de los argentinos. ¿Esa gente ignora la correlación del delito violento con la pobreza y la inequidad? Para nada, solo que cualquier ciudadano sensato entiende que la inseguridad se deriva también de otro factor social: la anomia, la sensación de ingobernabilidad, la ausencia de reglas. El Gobierno le echó la culpa de esa percepción a la Justicia, pero esa mentira tiene patas cortas; la misma encuesta arroja un dato indiscutible: la segunda preocupación de los argentinos es la clase dirigente. O sea, busca líderes fiables y todavía no los encuentra. El diputado peronista disidente que le gritó “atorranta” a su potencial aliada electoral de la Coalición Cívica le da la razón al sentimiento antipolítico que vuelve, como las mareas.
El vale todo de esta semana incluyó el sinceramiento público de un argumento que el oficialismo venía filtrando en off the record desde hace un año: “si nos quitan poder, nos vamos y le dejamos el incendio a Cobos”. Que quede claro: el relato de aquella noche en que Cristina casi renuncia no es una fantasía opositora, sino una versión contada en detalle por voceros K. Y tal vez no sea cierta. Lo que importa es el efecto extorsivo de ese discurso subterráneo, que acaba de blanquearse.
A pesar de los esfuerzos de Kirchner por detener la Historia, la realidad no para. El jueves se reunieron en el hotel Four Seasons los jefes de Recursos Humanos de las grandes empresas que operan en Argentina, convocados por la consultora Mercer. “Este foro se llama La Incertidumbre”, bromeó el organizador. Pero ya hay certezas corporativas. La transición de un país en crecimiento a un país en caída ya arrancó en las empresas, que van reduciendo costos laborales cortando los empleos tercerizados. La otra certeza es que esta mala racha pasará, y que hay empresas que trabajan para mantener la motivación a largo plazo de su staff. Una de las que expuso su plan de Gestión de Clima para los próximos años fue, paradójicamente, el símbolo del Apocalipsis K: el Grupo Clarín.

domingo, 15 de marzo de 2009

LA GESTIÓN NINJA

En las sobremesas del centenar de embajadores argentinos que vinieron a Buenos Aires para un seminario con la Presidenta durante esta semana, la sensación generalizada de los que volvieron a casa por unos días fue la acelerada caída de popularidad del matrimonio Kirchner y el creciente malhumor contra la conducción de Olivos, incluso en las propias filas del peronismo oficialista. “Es increíble: hasta hace un año, era tan fácil ser oficialista, pero ahora Néstor está realmente difícil, y la gente está muy enojada”, se lamentó uno de los diplomáticos.
El Gobierno tiene abiertos demasiados frentes de conflicto, y eso le mete presión personal a quienes todavía siguen jugando del lado kirchnerista. A la responsabilidad K por su estilo ninja de multiplicar sus peleas sectoriales, hay que sumarle un clima de época, una sensación térmica de fin de ciclo, que hace envalentonar a cada sector para plantearle exigencias al Gobierno con una impaciencia desconocida durante los años dorados de la era K. A los Kirchner les entran las balas por todos lados, pero ellos responden poniendo el pecho y replicando con artillería más pesada, como hacía Al Pacino en la legendaria escena final de Scarface. De desafío en desafío, de agravio en agravio, la sociedad se desbarranca como una bola de nieve hacia un abismo de conflictividad institucional y económica que no coloca a la Argentina en la mejor posición para aguantar el crack financiero internacional.
Solos contra el mundo: así se resume el rabioso diagnóstico K de la situación. El mundo incluye a todos los argentinos que –según las encuestas- están pensando en no votar al oficialismo, y también incluye a los kirchneristas dudosos que están tentados de contestarle a Néstor como Riquelme a Maradona. Ser K hoy es estar peleado con alguien influyente: puede sonar romántico, pero en términos de gobernabilidad es casi inviable. El campo volvió a las rutas, luego de una tregua esperanzadora. Esta semana, los empresarios se diferenciaron del Gobierno tanto en los pasillos de la UIA como en el Marriott Plaza de Retiro, donde sesionó IDEA. La Corte mantiene una polémica cotidiana en los medios con funcionarios kirchneristas que le reclaman eficacia y celeridad en causas de DDHH y de delitos violentos: el riesgo es que la Justicia conteste mejorando dramáticamente su performance en la lucha contra la corrupción estatal, y que renuncias como la del fiscal Garrido proliferen hasta el escándalo. La Iglesia argentina cuchichea sobre corrupción en el Vaticano. Susana y Tinelli –dos tribunas mediáticas claves en tiempos de campaña electoral- también enojaron al progresismo pingüino. Lula mandó a sus mejores diplomáticos a Buenos Aires esta semana, para calmar los ánimos antes de la cumbre con Cristina en Brasilia; pero el derrumbe imparable del comercio bilateral promete complicar las relaciones entre vecinos. Moyano, hasta ahora alineado, acusa a la Casa Rosada de no tener códigos, y masculla represalias. La lista sigue y sigue.
Para detener, congelar o al menos dinamitar esa sangría de aliados tácticos, Kirchner volvió a doblar la apuesta y le pidió al Congreso que le deje adelantar el llamado a elecciones parlamentarias nacionales. Más allá de los motivos estratégicos en distritos como la Capital, la razón profunda parece ser la certeza K de que tanto política como económicamente el 2009 se irá poniendo peor. Para qué esperar hasta octubre para medir fuerzas, entonces: mejor hacerlo ahora, cuando la foto de este instante se ve mejor que la película del año. La movida también desnuda las inconsistencias de una oposición sin propuestas, que venía haciendo la plancha porque desde Olivos le ahorraban el trabajo de limar al Gobierno.
La avivada electoral K explica otro apresuramiento legislativo: la ley de Radiodifusión que el oficialismo agita contra el Grupo Clarín. Si efectivamente el proyecto afectaría los intereses del multimedios, no se entendía por qué Kirchner querría dejar tantos meses entre el golpe a Clarín y las elecciones. Una carrera electoral larga con “el gran diario” herido en contra no sonaba una estrategia de campaña ganadora. Tampoco así será fácil: votar una ley anti Clarín le costará a cada legislador oficialista tanto o más que la resolución 125. Y el contexto político es más endeble.
Pero a diferencia de la “guerra gaucha”, la pelea con la prensa es la sal del proyecto K. El kirchnerismo cree que la guerra contra los medios le ordena todo su frente de batalla, es el denominador común de la cruzada K. Además, perdido por perdido, el resultado electoral de este año pintaba mal, con o sin Clarín. Tal vez Kirchner no sea tan cortoplacista como lo pintan sus críticos, y en lugar de pensar en el 2009, ya está enfocado en el 2011: si su ley de Radiodifusión es aprobada, el sueño K de conquistar el negocio de los medios tiene más chances de tener éxito.
No hay que subestimar la obsesión mediática del kirchnerismo, porque más que una postura ideológica y un plan de negocios, es una fascinación personal. Por eso Néstor lee los diarios lapicera en mano, por eso Cristina coloca la voz como hacían las locutoras de la vieja escuela de Betty Elizalde, por eso Guillermo Moreno tiene colgadas en su oficina todas las tapas que le dedicó Crítica de la Argentina. Los pingüinos son cholulos con navaja.

martes, 10 de marzo de 2009

WHAT A WONDERFUL WORLD

Desde el lunes 9 y durante toda la semana, Cristina Fernández cumplirá una vieja aspiración, acariciada durante la campaña electoral que la llevó a la presidencia, cuando el kirchnerismo se sentía hegemónico y capaz de grandes logros. La candidata oficial se perfilaba, a diferencia de su marido, como una mujer cuyo liderazgo trascendería las fronteras, y que con su imagen podría colocar a la Argentina en un rol protagónico en la arena internacional. Para eso lanzó una convocatoria a todos los embajadores argentinos en el exterior, a un seminario intensivo con ella en Buenos Aires, donde les dictaría los lineamientos geoestratégicos de su plan. Lamentablemente, las circunstancias de la política doméstica (valija venezolana, crisis del campo, etc.) fueron postergando su ejecución hasta ahora, momento en que la crisis internacional desempolvó la iniciativa, tal vez con un sesgo más comercial.
Los K ven este momento como el más propicio para desplegar su vocación global, y es entendible. Mirado con ojos oficialistas, el planeta es hoy un videoclip de bolsas en derrumbe, multinacionales en quiebra y colas de desocupados en las grandes capitales, todo acompañado por la cortina musical de Louis Armstrong cantando con ironía “What a wonderful world”. Para darle un toque pingüino, la versión musical tendría un coro de inspiración troskista, que repetiría: “cuanto peor, mejor”. Y aunque suene loco, la realidad del capitalismo internacional parece estar dándoles la razón.
Mientras el mundo se cae, la Argentina también, pero no tanto. Ese diagnóstico –que podría suscribir un kirchnerista sensato- fue el que acaba de llevarse la delegación del Banco Europeo de Inversiones que visitó Buenos Aires esta semana, en misión de exploración para reanudar su actividad en nuestro país, luego de ocho años de ausencia. El BEI –un organismo de la Unión Europea creado en 1958 para la financiación de proyectos a largo plazo- otorgó en 2007 préstamos por 48.000 millones de euros en todos los rincones del planeta con intereses europeos. Pero la crisis del 2001 hizo que el banco se retirara de la Argentina. Para planificar su vuelta, los técnicos del BEI se entrevistaron con el Secretario de Finanzas argentino, con funcionarios del BICE (Banco de Inversión y de Comercio Exterior), y con empresas y bancos de capital europeo radicados en la Argentina. La percepción favorable del BEI es que aquí todavía no se ve una economía tan golpeada por la crisis internacional.
Esta semana hubo otro guiño europeo a la política local. La Delegación de la Comisión Europea en Buenos Aires lanzó diez proyectos de cooperación de la UE con socios argentinos, entre los que hay municipios (algunos son bonaerenses y oficialistas) y organizaciones de transparencia institucional como Poder Ciudadano, y de derechos humanos como el CELS, que obtuvo casi un millón de euros para reforzar las instituciones contra la tortura, uno de los ejes de la gestión K.
El tercer guiño seductor del viejo continente será el 18 de marzo, con la visita de Stefano Sannino, director de la Comisión Europea para América latina. Sannino viene con la misión oficial de bocetar la agenda preparatoria de la cumbre UE-Latinoamérica que se realizará el año próximo en Madrid. Como a la Argentina le toca durante 2009 presidir el grupo latinoamericano, y por lo tanto ser el coordinador de la agenda Madrid, Sannino le señalará extraoficialmente a los diplomáticos argentinos la oportunidad de recuperar un rol regional protagónico. Europa valora a Buenos Aires como un “test case” que le pueda marcar el camino a otras capitales latinoamericanas (excepto Brasilia y México DF) en sus relaciones con la UE. Y la decadencia político-económica que atraviesa Estados Unidos amenaza con disolver su influencia en el continente, lo cual estimula las ansias diplomáticas europeas de este lado del Atlántico.
Aunque la Presidenta pueda aprovechar esta coyuntura global para jugar a ser la niña bonita indomable, los europeos piden algún guiño de reciprocidad del lado argentino. En lo político, no entienden la ausencia de altos funcionarios argentinos en Bruselas, la capital de la burocracia comunitaria tan frecuentada por otros gobiernos sudamericanos. En lo económico, el nudo más urgente es la decisión sobre qué norma elegirá Argentina para la televisión digital. Aquí también, la crisis mundial sacudió el tablero: hasta hace unos meses, parecía que los K estaban entre la norma estadounidense y la brasileño-nipona. Los norteamericanos (la opción preferida por el Grupo Clarín) están prácticamente retirados de la competencia por sus propias urgencias financieras. El triángulo Brasilia-Tokio-Buenos Aires se complicó por motivos oscuros. Ahora los empresarios europeos recuperan las esperanzas de ser elegidos, aunque sea por descarte.
La más cruda política local podría beneficiarlos de carambola. En la Feria Expoagro –organizada por Clarín y La Nación en Santa Fe-, el tema de pasillos es la certeza de los tradicionales capitanes de la industria argentina de que su relación con el Gobierno está herida de muerte, mientras en Olivos clonan una nueva burguesía nacional. A esto se suma la sospecha de que la puja con Clarín no tiene retorno, porque Kirchner planea poner un pie en los negocios digitales del grupo, incluso aliándose con las telefónicas europeas para repartirse la nueva torta televisiva. Y el ascenso de Florencio Randazzo a expensas de Sergio Massa confirma la línea dura “nestorizante” del plan de negocios K. Néstor compra, Cristina dignifica.

lunes, 2 de marzo de 2009

TEST DE CARNAVAL

El Gobierno es una aspiradora marchando en reversa, escupe amigos y aliados a un ritmo que asusta. El matrimonio presidencial dice que la culpa es de “los traidores”, pero el sentido común indica que cuando las “traiciones” aparecen por todas partes, ya es hora de hacer una autocrítica y revisar la estrategia. ¿Cómo dejar atrás el sistemático enojo K, que alguna vez sirvió para gobernar, y pasar a una estrategia de negociación que permita recuperar aliados y retener a los amigos ofendidos? En muchos casos, se trata de la vieja figura del vaso medio lleno o medio vacío. Cada cuál elige cómo quiere verlo. Cada vez hay más ejemplos en la era pingüina. El campo (por su millonario aporte a las arcas estatales), Cobos (por su carácter de garante dócil de la “transversalidad”) y Reutemann (por su imagen impermeable en las tormentas y su capacidad eterna de encarnar una alternativa de recambio presidencial desde el PJ) pudieron ser valorados por los Kirchner como potenciales aliados de la estrategia oficialista de largo plazo. Sin embargo, desde el principio les desconfiaron y, como en las profecías autocumplidas que cita Cristina Fernández, los terminaron poniendo en la vereda de enfrente por el solo hecho de que osaron contradecir la hegemonía K. Ante la duda, los Kirchner vieron el vaso medio vacío.
Decir que el vaso está por la mitad es tarea de los analistas, cuyo trabajo es el diagnóstico; los políticos deberían apostar siempre a la visión optimista, si es que siguen creyendo en que su profesión es el arte de los posible; y los estadistas son los que crean las condiciones para llenar el vaso.
Para pensar en positivo, mejor es mirar hacia adelante. El Gobierno tiene por estos días otra oportunidad de cambiar su estilo y acertar. Como en los casos anteriores, enfrenta un test de destreza y temple en el arte de negociar. Enojarse será fácil, porque los intereses en juego son grandes y ambas partes están nerviosas porque actúan bajo presión. Tampoco se trata de ceder todo, porque del otro lado tampoco impera el altruismo. Hablamos de negocios, donde siempre es mejor tener socios que enemigos. Hablamos del Mercosur, más precisamente de Brasil.
En los pasillos diplomáticos de ambos países, se admite que la discusión comercial bilateral está empantanada. El problema es el de siempre: los desequilibrios de la balanza comercial por diferencias de productividad industrial, y las zancadillas cambiarias y aduaneras entre vecinos, que ponen en riesgo la consistencia del sueño eterno de consolidar un bloque sudamericano a la europea. La crisis financiera global le imprime una urgencia dramática a las demandas de las partes, y la agenda diplomática bilateral funciona como una cuenta regresiva dramática para las negociaciones entre técnicos ministeriales. El 20 de marzo, Cristina tiene que viajar a San Pablo para encontrarse con Lula, y el escenario público será la sede de la FIESP, la poderosa unión de industriales brasileños, que está haciendo un lobby feroz para denunciar el “proteccionismo” del gobierno argentino contra los productos made in Brasil. La cumbre puede resultar explosiva, aunque el gobierno de Lula mandó a evitar por todos los medios un escándalo, y el mismo mandato resuena hoy en la cancillería argentina. Tanto la Casa Rosada como el Palácio do Planalto tienen mucho que perder si la pulseada entre hermanos se degrada en riña de gallos.
Para contener el “esperneio” (pataleo) y la “choradeira” (lloriqueo) argentinas por el superavit comercial brasileño, Lula puso a un diplomático duro y experimentado al comando de la negociación. Samuel Pinheiro Guimaraes es una de las cabezas de las relaciones exteriores brasileñas: una diplomacia sólida, aunque en los últimos tiempos muestre signos de dispersión en la toma de decisiones, lo cual es un riesgo y una oportunidad para la Argentina. A pesar de su firmeza, su misión es arreglar el conflicto. Desde el 2001, las mayores empresas brasileñas desembarcaron en suelo argentino para quedarse, y por lo tanto necesitan garantizarse un buen clima de negocios. Lo mismo pasa con los exportadores brasileños, que siguen teniendo en la Argentina un nicho de consumidores ávidos, más allá de los vaivenes cambiarios. En tercer lugar, se mantiene el interés brasileño por la Argentina como socio geopolítico, aunque los vientos han cambiado mucho en la última década. Brasil ya logró una silla en la mesa de las potencias mundiales, mientras que la Argentina perdió por ahora su chance de pisar fuerte en la diplomacia globalizada. Y es en este punto donde los Kirchner –y la Argentina, juntos o separados- tienen mucho que perder. Como líder regional, Brasil es la llave obligada para cualquier plan argentino más allá de sus fronteras. Y en el caso puntual de los Kirchner, peleados con Europa y con Washington, enmarañados con el bolivarianismo chavista, y cada vez más atrincherados en el Conurbano bonaerense, el apoyo de Lula en un año electoral es un símbolo valioso de gobernabilidad puertas adentro. Es cierto que una barrera arancelaria contra un calefón brasileño podría darle a Cristina otro anuncio triunfal para su telenovela cotidiana de “buenas noticias”. Pero el costo de etiquetar también a Lula como traidor a la Kausa puede ser el de regalarle a la oposición duhaldista un aliado “muito gostoso”.