Desde el lunes 9 y durante toda la semana, Cristina Fernández cumplirá una vieja aspiración, acariciada durante la campaña electoral que la llevó a la presidencia, cuando el kirchnerismo se sentía hegemónico y capaz de grandes logros. La candidata oficial se perfilaba, a diferencia de su marido, como una mujer cuyo liderazgo trascendería las fronteras, y que con su imagen podría colocar a la Argentina en un rol protagónico en la arena internacional. Para eso lanzó una convocatoria a todos los embajadores argentinos en el exterior, a un seminario intensivo con ella en Buenos Aires, donde les dictaría los lineamientos geoestratégicos de su plan. Lamentablemente, las circunstancias de la política doméstica (valija venezolana, crisis del campo, etc.) fueron postergando su ejecución hasta ahora, momento en que la crisis internacional desempolvó la iniciativa, tal vez con un sesgo más comercial.
Los K ven este momento como el más propicio para desplegar su vocación global, y es entendible. Mirado con ojos oficialistas, el planeta es hoy un videoclip de bolsas en derrumbe, multinacionales en quiebra y colas de desocupados en las grandes capitales, todo acompañado por la cortina musical de Louis Armstrong cantando con ironía “What a wonderful world”. Para darle un toque pingüino, la versión musical tendría un coro de inspiración troskista, que repetiría: “cuanto peor, mejor”. Y aunque suene loco, la realidad del capitalismo internacional parece estar dándoles la razón.
Mientras el mundo se cae, la Argentina también, pero no tanto. Ese diagnóstico –que podría suscribir un kirchnerista sensato- fue el que acaba de llevarse la delegación del Banco Europeo de Inversiones que visitó Buenos Aires esta semana, en misión de exploración para reanudar su actividad en nuestro país, luego de ocho años de ausencia. El BEI –un organismo de la Unión Europea creado en 1958 para la financiación de proyectos a largo plazo- otorgó en 2007 préstamos por 48.000 millones de euros en todos los rincones del planeta con intereses europeos. Pero la crisis del 2001 hizo que el banco se retirara de la Argentina. Para planificar su vuelta, los técnicos del BEI se entrevistaron con el Secretario de Finanzas argentino, con funcionarios del BICE (Banco de Inversión y de Comercio Exterior), y con empresas y bancos de capital europeo radicados en la Argentina. La percepción favorable del BEI es que aquí todavía no se ve una economía tan golpeada por la crisis internacional.
Esta semana hubo otro guiño europeo a la política local. La Delegación de la Comisión Europea en Buenos Aires lanzó diez proyectos de cooperación de la UE con socios argentinos, entre los que hay municipios (algunos son bonaerenses y oficialistas) y organizaciones de transparencia institucional como Poder Ciudadano, y de derechos humanos como el CELS, que obtuvo casi un millón de euros para reforzar las instituciones contra la tortura, uno de los ejes de la gestión K.
El tercer guiño seductor del viejo continente será el 18 de marzo, con la visita de Stefano Sannino, director de la Comisión Europea para América latina. Sannino viene con la misión oficial de bocetar la agenda preparatoria de la cumbre UE-Latinoamérica que se realizará el año próximo en Madrid. Como a la Argentina le toca durante 2009 presidir el grupo latinoamericano, y por lo tanto ser el coordinador de la agenda Madrid, Sannino le señalará extraoficialmente a los diplomáticos argentinos la oportunidad de recuperar un rol regional protagónico. Europa valora a Buenos Aires como un “test case” que le pueda marcar el camino a otras capitales latinoamericanas (excepto Brasilia y México DF) en sus relaciones con la UE. Y la decadencia político-económica que atraviesa Estados Unidos amenaza con disolver su influencia en el continente, lo cual estimula las ansias diplomáticas europeas de este lado del Atlántico.
Aunque la Presidenta pueda aprovechar esta coyuntura global para jugar a ser la niña bonita indomable, los europeos piden algún guiño de reciprocidad del lado argentino. En lo político, no entienden la ausencia de altos funcionarios argentinos en Bruselas, la capital de la burocracia comunitaria tan frecuentada por otros gobiernos sudamericanos. En lo económico, el nudo más urgente es la decisión sobre qué norma elegirá Argentina para la televisión digital. Aquí también, la crisis mundial sacudió el tablero: hasta hace unos meses, parecía que los K estaban entre la norma estadounidense y la brasileño-nipona. Los norteamericanos (la opción preferida por el Grupo Clarín) están prácticamente retirados de la competencia por sus propias urgencias financieras. El triángulo Brasilia-Tokio-Buenos Aires se complicó por motivos oscuros. Ahora los empresarios europeos recuperan las esperanzas de ser elegidos, aunque sea por descarte.
La más cruda política local podría beneficiarlos de carambola. En la Feria Expoagro –organizada por Clarín y La Nación en Santa Fe-, el tema de pasillos es la certeza de los tradicionales capitanes de la industria argentina de que su relación con el Gobierno está herida de muerte, mientras en Olivos clonan una nueva burguesía nacional. A esto se suma la sospecha de que la puja con Clarín no tiene retorno, porque Kirchner planea poner un pie en los negocios digitales del grupo, incluso aliándose con las telefónicas europeas para repartirse la nueva torta televisiva. Y el ascenso de Florencio Randazzo a expensas de Sergio Massa confirma la línea dura “nestorizante” del plan de negocios K. Néstor compra, Cristina dignifica.
martes, 10 de marzo de 2009
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