miércoles, 22 de abril de 2009

PAÍS INIMPUTABLE

Argentina y Brasil arrancaron la década de 1970 con sendos proyectos de industria aeronática nacional: la fábrica de aviones Chincul SA, instalada en San Juan, y la brasileña Embraer. Ambas crecieron con el respaldo estatal, pero cuando la inflación de los ’80 y la globalización de los ’90 las puso en crisis, sus destinos se bifurcaron. La empresa argentina cerró. La brasileña fue privatizada, reservando una acción de oro estatal, y se convirtió en uno de los gigantes de la industria aeronáutica mundial, con capacidad para proveer de naves “made in Brazil” a la línea de bandera argentina. Dos modelos de país, o mejor dicho, uno con proyecto de nación y otro no.
El parámetro de la aeronavegación es interesante como símbolo del potencial de desarrollo de una sociedad, aunque pueda pecar de reduccionista. Por ejemplo, la aviación civil de Venezuela alcanzó en los últimos años el triste liderazgo en el ránking mundial de accidentes fatales, por falta de capacitación y de tecnología aplicada, a pesar de la riqueza petrolera que inundó las arcas del Estado Bolivariano.
De los cielos a la tierra, el dilema es el mismo. En el parque industrial de Rafaela, una de las zonas más prósperas de Santa Fe, la calma chicha de la siesta no oculta la incertidumbre que crece a la sombra, puertas adentro de las fábricas. Desde que se declaró el bajón de la economía nacional e internacional, casi todas las empresas empezaron a sentir el golpe; el síntoma más difundido es el acortamiento de los pedidos adelantados de mercadería e insumos: antes, los clientes “se stockeaban” con un año de anticipación, ahora se trabaja con apenas unos meses de antelación, o directamente se opera comprando insumos al día. Uno de los pocos rubros que esquivó el parate, o que incluso goza de una tendencia positiva opuesta al resto de la industria local, es el de la fabricación y venta de cámaras frigoríficas. Por efecto de los torniquetes de Guillermo Moreno en el mercado de la carne, tanto local como de exportación, los frigoríficos precisan más depósitos de congelamiento para conservar su producción hasta que le llegue el turno de ser comercializada. Lo mismo sucede con los que fabrican silos bolsa.
Pero incluso en Rafaela la realidad tiene dos caras. Esta semana, en el Centro Comercial e Industrial de esa ciudad, cuarenta dirigentes se juntaron en un almuerzo para debatir cómo responderle a la crisis. No era un lobby de inversores destituyentes: había empresarios chicos, medianos y grandes, dueños de fábricas, empresas de servicios, y hasta representantes de la Sociedad Rural de la zona; estaba el intendente y el ex intendente, peronistas ambos, pero de líneas opuestas. A pesar de la diversidad de intereses, todos fueron una rara muestra de diálogo y cooperación. Bajo el paraguas de la Asociación de Empresarios Marchigianos de la República Argentina y de la Fundación Territorio, hombres y mujeres de negocios y de la política planificaron un programa de intercambio comercial con sus pares italianos que se formalizará a fin de año en un foro internacional en la misma Rafaela, ciudad que no casualmente fue calificada por Cristina Fernández como un “ejemplo de modelo virtuoso”. Es decir, ni Estado versus Mercado, ni viceversa. Tampoco campo versus fábrica, ni crecimiento versus equilibrio social. Sólo voluntad de pensar, debatir y desarrollar proyectos de país.
Es cierto que las antinomias son las herramientas favoritas de los políticos en campaña y de los medios de comunicación que traducen la puja electoral en un fenómeno de opinión pública. Y eso embarra la cancha e impide debatir en serio. Pero también es cierto que, al menos en teoría, las elecciones son el ámbito más efectivo para que la sociedad presione a sus representantes a buscar soluciones a sus problemas urgentes, llámese el hambre, la marginalidad, el dengue, la educación ineficaz o la inseguridad. El dilema durante la campaña electoral siempre ha sido, tanto para el Gobierno como para la oposición, qué temas urgentes dejar entrar al debate, y qué temas eludir. Con la inseguridad, el kirchnerismo intentó hasta hace poco patear la pelota afuera, relativizando los reclamos sirviéndose de argumentos ideológicos y procesales que no convencieron a nadie. No sólo no se convencieron los supuestos “enemigos de clase” del oficialismo, tampoco se calmaron los sectores populares del Conurbano, que el Gobierno contabiliza con orgullo como propios. Por eso Néstor Kirchner –apuntalado por sus ministros, gobernadores y legisladores- abandonó su explicación testimonial del trasfondo económico de la inseguridad, y se sumó a la lista de los que plantean la necesidad de bajar la edad de imputabilidad para los delitos violentos. El Gobierno jura que no es una reacción espasmódica y oportunista por miedo a un escrache popular en las urnas, sino que se trata de una política de Estado. No se entiende, entonces, por qué la Presidenta no lanzó la iniciativa contra la inseguridad en su discurso de apertura de sesiones legislativas, donde solo pidió una nueva ley de Radiodifusión. El Congreso es un buen escenario para demostrar que el Gobierno tiene, además de un proyecto de poder, un proyecto de país.

lunes, 13 de abril de 2009

CUIDADO CON LA PIKADURA

Una plaga recorre la Argentina: el cinismo exitista o, como le dicen en el fútbol, el “resultadismo”. Todo vale, con tal de arañar un puntito. Incluso esconder la pelota. Pero no se culpe a Néstor Kirchner, porque él no ha hecho más que llevar al extremo esa cultura del vale todo, poniéndole potencia turbo a la viveza criolla que contamina las prácticas políticas. También la oposición viene manipulando normas y mandatos electorales con el objetivo de pararse mejor en las encuestas y de aprovechar la ocasión electoral, como si las instituciones hubiesen sido desbordadas por la lógica del ráting “minuto a minuto”. Hoy ya no se habla de plataformas electorales, y casi no hay temas de campaña. Ahora se trata de administrar con buen “timing” la oferta electoral, que no es otra cosa que oferta de caras famosas con los rasgos oportunos para cada escenario. Por eso las listas de candidatos se cierran a último momento: no porque se estén negociando incansablemente los lugares, sino porque se van probando elencos al calor de las encuestas, y comparando performances con los otros “partidos” (por darles un nombre tradicional, hasta que la legislación electoral sea totalmente desbordada por la nueva dinámica democrática).
Kirchner entendió claramente esta crisis de representación, a la que le debe su ingreso a la Casa Rosada. Fascinado como el personaje de Keanu Reeves al vislumbrar el código oculto de la Matrix, Néstor se dedicó a romper sistemáticamente el pacto republicano, esa ficción necesaria para mantener el diálogo –y el respeto- entre representantes y representados de cualquier país. Si Alfonsín es hoy recordado por sus candorosos recitados del texto de la Constitución Nacional, Kirchner se destaca en la opinión pública por su desprecio burlón a los protocolos institucionales, que sus intelectuales a sueldo traducen como “hipocresía burguesa”. El presidente real de la Argentina actúa hoy en la democracia como lo hacía el Rucucu de Olmedo en la televisión: da vuelta la cámara para mostrarle al público los decorados destartalados, los extras famélicos, los asistentes sosteniendo cartulinas con la letra para actores desmemoriados... en fin, la miseria material y moral de “Costa Pobre”. A partir de ese gesto, el kirchnerismo habilita un discurso sofista que le permite relativizar cualquier crítica a su desprolijidad institucional, amparándose en la chantada colectiva. Y con la razón cínica de su lado, cualquier trampa a las reglas de juego es justificable a plena luz del día. Ni Carlos Menem se animó a tanto pragmatismo en defensa del “modelo”.
El estilo K de sobrevolar la realidad como si fuera un “relato” infinitamente maleable puso de moda los conceptos de “percepción” y “sensación”. Así, un crimen impune que deriva en protesta vecinal es automáticamente despolitizado por un ministro que explica que la inseguridad es una sensación alimentada por la prensa. La búsqueda de responsables por la irrupción a gran escala del dengue queda neutralizada por la discusión de la ministra de Salud con los que la perciben como una “epidemia”. Es decir que ahora una preocupación ciudadana debe, antes de ser seriamente considerada por las autoridades pertinentes, demostrar que surge de un problema real y no de una “percepción” exagerada por los medios de comunicación. Otra barrera burocrática entre la sociedad y sus dirigentes políticos, tan triste y peligrosa como los muros contra la inseguridad. De hecho, existe el Programa de Auditoría Ciudadana (PAC) de la Subsecretaría de Desarrollo Institucional y Fortalecimiento de la Democracia del gobierno nacional, que está analizando una encuesta en medio centenar de municipios para buscar la diferencia entre las percepciones ciudadanas y la evidencia empírica de la calidad de las políticas públicas. Es decir que este malentendido entre votantes y votados ya se convirtió en un caso de estudio académico financiado por el Estado.Por ejemplo, en Tartagal, muchas víctimas del desastre se preguntan cuándo llegará la ayuda que prometió Cristina en medio del barro. El gobernador Urtubey dice que, al igual que con el dengue, por su parte está haciendo todo lo posible, mientras se distancia paso a paso del oficialismo nacional. No es casual que el peronismo disidente esté planeando un gran escenario de lanzamiento de campaña precisamente en Salta, donde la distancia entre la realidad local y la “realidad” de Olivos crece a un ritmo epidémico.

martes, 7 de abril de 2009

PARADOJAS DEL EFECTO ALFONSÍN

Kirchner adelantó las elecciones de manera inesperada. El PROperonismo logró concretar la foto de los tres mosqueteros, con el gesto de Felipe de bajar sus pretensiones. Faltaba el golpe de efecto del Panradicalismo, que no lograba sorprender a la opinión pública afín para sacarla de una modorra peligrosa que ya se reflejaba en las mediciones de intención de voto. Pero llegó el azar, y en estos momentos los encuestadores ya están midiendo el “efecto Alfonsín” en la campaña electoral.
De todos los legados que habría dejado el ex presidente radical, es difícil que la honestidad contagie de un día para otro al establishment político actual. Tampoco la concordia nacional, a juzgar por las disonantes y previsibles declaraciones de Hebe de Bonafini sobre el ahora llamado “padre de la democracia”. Lo que sí le aportó la “oportuna” muerte de Alfonsín a la temporada electoral fue una palabra que estuvo ausente de las elegías de esta semana, tal vez por su tinte futbolero: mística, ese fervor popular indispensable a la hora de pelear las urnas.
El fenómeno de la convocatoria masiva a la capilla ardiente en el Congreso se explica con otra metáfora del fútbol. Los próceres argentinos nacen de una especie de histeria colectiva que podría etiquetarse como el Síndrome Riquelme: mientras está en la cancha con la camiseta argentina puesta, lo insultan hasta sus amigos para que se mueva más; pero apenas queda afuera del equipo, se activa un reclamo nostálgico por el conductor perdido. Ese tribalismo histérico no estuvo ausente de la canonización de Alfonsín, quien hasta hace unos días no persuadía ni a sus más fieles herederos como virtual patriarca del consenso para una lista única opositora. Tampoco persuadió al Gobierno con su último comunicado en contra del adelantamiento electoral. Y a decir verdad, más allá de los discursos políticamente correctos de peronistas y radicales durante su funeral con honores, el impacto del adiós alfonsinista en el escenario electoral amenaza con traer más divisiones que unidad.
En las filas de Margarita Stolbizer se preparan para una semana de asedio feroz del viejo radicalismo bonaerense para copar la lista electoral del frente que aglutinaría a la Coalición Cívica y a la UCR. El apellido de Ricardo, el hijo de Alfonsín, subió de precio en las últimas horas, y la discusión será cuánto. Mientras cargan contra Stolbizer, los radicales de siempre se cuidan la retaguardia luego de escuchar el discurso de un ex correligionario, Julio Cobos, que volvió a aprovechar como él sabe hacerlo su nuevo golpe de suerte histórico. En su rol de presidente provisional, avisó que retornará a la UCR para conducirla, siguiendo el mandato del difunto caudillo. En tanto, Elisa Carrió vuelve a inquietar a sus allegados, que comentan entre ellos que Lilita está deprimida, telefónicamente inubicable, y entregada de nuevo al esoterismo apocalíptico. Por su parte, el kirchnerismo hace cuentas en Olivos, tratando de convencerse de que el revival alfonsinista le conviene al Gobierno, porque alimenta las divisiones en el panradicalismo y a la vez le roba votantes indecisos a Francisco De Narváez. Los K más conectados con la realidad también reconocen a puertas cerradas que la movilización callejera y la cobertura periodística por la muerte del líder radical son otro llamado de atención contra el estilo irritante del matrimonio presidencial.
En el búnker de Daniel Scioli entendieron el mensaje de las cien mil personas que desfilaron por la capilla ardiente. El gobernador ya está jugado –siente que no le queda otra- en la campaña kirchnerista en el Conurbano, pero confía que a pesar de la guerra declarada por Kirchner contra todos los que no lo acompañan, el tono conciliador del ex motonauta le garantiza sobrevida más allá del 28 de junio. El sciolismo apuesta a que la opinión pública y el establishment peronista lo consideren como una opción viable para la transición, que en el entorno del gobernador llaman “poskirchnerismo”: un escenario de recambio “antikirchnerista”, dicen, complicaría el reciclaje futuro del gobernador bonaerense. “Alfonsín sobrevivió a su gobierno y terminó sus días como un prócer gracias en parte a que Menem no se ensañó con su antecesor, ni judicialmente ni en sus discursos”, analizan en el sciolismo. “Es cierto que los Kirchner y algunos de sus voceros mediáticos no aportan al clima de reconciliación nacional que precisa este Gobierno para resolver el problema de su salida pacífica y concertada, en el momento que sea.”
Como le gusta repetir al futuro prócer chileno, Ricardo Lagos: un político piensa en las próximas elecciones, un estadista piensa en las próximas generaciones.

miércoles, 1 de abril de 2009

NACIDO EL 29 DE JUNIO

Hay dos hombres semejantes, que ahora coinciden en una nueva obsesión: el 29 de junio. Cultivan el bajo perfil, un poco por idiosincracia, otro poco por cálculo. Apuestan a un look gris, que combina con su desconfianza por las estridencias y las dicotomías: para ellos nada es blanco o negro, porque siempre se les ocurre una salida negociada. No son ricos en salud, pero eso les templó el carácter hasta hacerlos parecer imperturbables. Aunque estarán en la boca de Kirchner durante toda la temporada electoral, ambos miran por encima de las contingencias terrenales y piensan en el diseño de otro país, con más o menos kirchnerismo. Héctor Magnetto y Jorge Bergoglio ya están diseñando el día después.
Si bien el reciente viaje del cardenal primado al Vaticano incluyó las reuniones habituales de la agenda episcopal, llamó la atención en la interna eclasiástica argentina la inusitada duración de la visita: un mes y diez días sugieren una trama de conversaciones estratégicas sobre el futuro de la relación entre el Papa y la Casa Rosada. La idea de los que rodean a Bergoglio es consolidar la imagen de una Iglesia que en medio de la crisis político-económica garantiza “la libertad y la diversidad de opiniones, preservando la unidad nacional”. En ese marco hay que interpretar los guiños cómplices del cardenal hacia la participación protagónica en la marcha contra la inseguridad del presbítero Guillermo Marcó y del rabino Sergio Bergman, a quien Bergoglio acaba de prologarle su libro. Uno de los más hábiles operadores de la Iglesia recomienda seguir con atención la alianza del bergoglismo con Bergman: “Hoy por hoy, el rabino es el mejor vocero político de la comunidad católica, mientras no se obnubile con su protagonismo mediático y se desborde el tono confrontativo de su discurso”, opina la fuente. La clave de la influencia de Bergoglio es precisamente su destreza para esquivar el choque frontal con el Gobierno, quien pierde los estribos con la jerarquía eclesial cada vez que ésta alienta la participación de religiosos (laicos o de sotana) en movimientos políticos. La inteligencia K viene siguiendo con atención la lista de estos episodios:
*La campaña victoriosa del obispo Piña en Misiones.
*El Congreso, en 2006, “Los Católicos en la Sociedad Civil y la Política”, que convocó a 3000 personas en la UCA.
*Las Jornadas de Pastoral Social, que movilizaron a Mar del Plata a 800 cuadros católicos.
*El Retiro para Políticos del cardenal Estanislao Karlic en Pilar.
*La “Red de Legisladores y Políticos por la Vida”, integrada por legisladores y gobernadores K como Roberto Urquía, Juan Manuel Urtubey y Celso Jaque.
*Los congresos en la UBA de Constructores del Bien Común, con militantes católicos laicos porteños y del Conurbano.
Más que a los partidos, el Gobierno le teme a la sociedad civil movilizada, y la reacción automática es desafiar a todos sus críticos a una pulseada en las urnas. Pero por las dudas, adelanta las elecciones para que nadie más que los políticos de siempre tenga tiempo de aceptar el desafío.
En el despacho de Magnetto, en tanto, esperan que las urnas arrojen un resultado claro. Si Néstor obtiene 30% o menos, deberá aceptar la derrota y sentarse a negociar una transición elegante. Si saca más de 40%, revalidará títulos y entonces la historia volverá a empezar, y Clarín deberá conversar como lo hizo siempre con gobiernos poderosos. Pero el escenario temido en el multimedio es un 35%, es decir un resultado ambiguo que desatará una discusión interminable sobre el poder de Kirchner. Y el ejemplo de Venezuela hace temer un escenario de división violenta del país, con los medios de comunicación como arena de combate. Una fuente que trabaja en las estrategias corporativas de Clarín asegura que, ante el peligro de un 29 de junio apocalíptico, las órdenes de Magnetto son:
1) No confrontar abiertamente con el Gobierno sino más bien victimizarse ante las agresiones recibidas, sean verbales o físicas, como los sabotajes satelitales a los medios del grupo o los escraches gremiales de Moyano & Co.
2) Vigilar que la nueva ley de Radiodifusión no sea votada antes de las elecciones, a las apuradas. Clarín estima que el Gobierno no lo hará, precisamente para “tener en capilla” al multimedio durante la campaña electoral.
3) Ir sondeando el panorama en el Congreso y en la Justicia, por si se desata una batalla en todos los frentes con el Gobierno, opción que Clarín desea evitar a toda costa, pero para lo cual se está blindando preventivamente. El grupo considera que, a menos que a Kirchner le vaya demasiado bien en las elecciones, los diputados K que a fin de año dejan sus bancas preferirán no levantar la mano contra “el gran diario argentino”, para no quedar huérfanos en medio de la transición política hacia el poskirchnerismo. Lo mismo con los jueces: si bien los operadores de Clarín calculan que ningún magistrado se animará por ahora a sacar la cara por Magnetto y la familia Noble concediéndoles acciones de amparo contra las reformas K en el mercado mediático, a la vez confían en mantenerlos neutrales en medio de la guerra. Pocos jueces resisten una visita a los archivos periodísticos.
4) Preservar las figuras de Duhalde y de Scioli, quienes serían propuestos por el grupo como los garantes de un acuerdo de caballeros para el recambio presidencial de 2011, en un eventual armisticio de última instancia con Kirchner. El ex motonauta se llevaría la presidencia, que respetaría a duhaldistas y kirchneristas por igual, y Clarín se llevaría el jugoso negocio del Triple Play, que necesita con urgencia para resolver sus problemas de caja.
Que dios, el pingüino y el clarinetista rojo nos amparen. Amén.