viernes, 14 de noviembre de 2008

EL GRAN DT

La cancha está marcada. El 2009 ya empezó y es más que un año electoral. Es otro de esos años en los que viviremos en peligro. La oposición –o mejor dicho, las oposiciones- ya tiene claro lo que busca, y lo empieza a mostrar con cuentagotas, lo suficiente como para tentar aliados pero no tanto como para no anticipar jugadas al gran DT oficial, al que le reconocen una vocación imparable por embarrar la cancha. Es que al oficialismo le faltan candidatos, pero a la oposición le sobran, y el libro de pases acaba de abrirse.
Néstor Kirchner sabe que, con la caja de emergencia que sigue acumulando, seguirá siendo el dueño de la pelota por todo el 2009, incluso aunque el balón mundialista se le reduzca a una humilde pelota de trapo mellada por la recesión. Sus adversarios también lo saben: por eso Eduardo Duhalde les pide a los intendentes K amigos que aguanten sus ganas de sincerarse y patear el tablero oficialista. Todos necesitan de la caja kirchnerista para flotar durante el año más duro desde el crack del 2001. Lo mismo pasa con gobernadores con proyecto anti K; con una provincia incendiada por el déficit y el caos social, no hay precandidato presidencial que aguante. Así es como suben las acciones de figuras como Julio Cobos, que no necesitan más presupuesto que un buen par de zapatos y unos termos de café para seguir armando reuniones con aspirantes a aliados del vice. Es más, Cobos ni siquiera se deja apurar para definirse en las elecciones del 2009: él intentará mantenerse fresco para suceder a Cristina en el 2011, o incluso antes, si las circunstancias se lo imponen. Mientras, gana puntos de imagen positiva molestando al matrimonio presidencial.
Es tan fácil molestar a los Kirchner. Esta semana reaccionó al primer borrador público de un frente radical-socialista-lilista con la descalificación personal de su protagonista, Elisa Carrió. Y volvió a culpar de todo a los fantasmas neoliberales de las décadas pasadas (contra quienes nunca peleó, antes de llegar a la Rosada), y a los medios, a quienes desafió a que se presenten a elecciones. La propuesta tiene mucha lógica, si se tiene en cuenta que Cristina está cada vez más entusiasmada con su rol de comentarista de la realidad nacional e internacional, y en los ratos libres que le deja su cargo part-time publica columnas en diarios zonales e interpreta emotivos discursos en cualquier lugar donde el secretario general de la Presidencia le garantice un micrófono libre de ruido de cacerolazos.
Porque la culpa, en las mesas K de charla política, casi siempre es de los otros. Un legislador que entiende como pocos la psiquis de Cristina Fernández asegura que cuando se plantea el cada vez más apretado escenario electoral 2009, la Presidenta y su corte se muestran sinceramente despreocupados, seguros –al menos eso explican- de que con la billetera estatal alcanzará para disciplinar voluntades y ganar amigos de último momento. Y a los indicios de tormenta financiera creciente y de grietas en la economía real, los Kirchner le ponen la etiqueta de “operaciones” de los golpistas de siempre. Y en este punto ya no se sabe quién opera a quién. Esta semana voceros gubernamentales del área económica llamaron a las redacciones periodísticas para negar la autenticidad de un presunto documento interno de la Secretaría de Finanzas que detallaba los manotazos que podría dar el Gobierno en caso de urgencia financiera. Precisamente, el informe –seguramente apócrifo- evalúa la viabilidad de un supuesto Plan de Financiamiento de Emergencia, que incluye la estatización de los fondos previsionales y la “captación de los fondos en efectivo depositados en las cajas de seguridad”. Esta última medida podría justificarse jurídicamente –según el dudoso informe reservado que circuló por internet- amparándose en la Ley Penal Tributaria, de acuerdo a la presunción de que buena parte de esos ahorros no están blanqueados ante la AFIP. Sea cual fuere el origen de ese informe, la estrategia K de embarrar la cancha institucional alimenta las lecturas conspirativas de la realidad política y económica. Eso se llama desconfianza. Y los operadores financieros en Uruguay, que no dan abasto con la ola de clientes argentinos, podrían dar fe de este fenómeno.
Pero a quién le importa, mientras haya oficialistas que sigan creyendo en la destreza y la creatividad del gran DT de la selección nacional y popular. Una de sus habilidades es hacer de la necesidad virtud y matar varios pájaros de un tiro. Esta semana, la escalada bélica de la interna gubernamental desatada por el caso del triple crimen narco y su vinculación con los aportes de la campaña electoral de Cristina le dio la oportunidad a Kirchner de curarse en salud. Finalmente, tiró por la ventana al Superintendente de Servicios de Salud, Héctor Capaccioli, y profundizó la “desalbertización” del Gabinete. El matrimonio está fastidiado con las maniobras subterráneas de despegue de Alberto Fernández de la obediencia K, y quiere aislarlo. El ex jefe de Gabinete deberá cuidarse de no convertirse en el gran chivo expiatorio si la Justicia sigue arrinconando a los recaudadores kirchneristas con pruebas y acusaciones de presuntas narcoamistades. De paso, la movida de fichas sirvió para poner a un moyanista en el cargo vacante, bien cerca de la caja que tanto le preocupa al líder de la CGT, ahora que el desempleo lo desafía y que la Corte Suprema le dio ínfulas a sus competidores de la CTA. Todo se paga, mientras haya plata. Y mientras quede plata, hay equipo.

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