miércoles, 17 de diciembre de 2008

ROSAS SIN ESPINAS

La imagen de Mauricio y Cristina rodeados de rosas es una tierna metáfora del rumbo que está tomando el proyecto político del empresario boquense. Macri mismo acaba de definirlo con sus propias palabras: “No convalidamos ni nos oponemos.” Aunque esta sincera fórmula fue elegida para justificar su colaboración con el espaldarazo K al desembarco definitivo de Cristóbal López en el negocio del juego porteño, la expresión también sirve para etiquetar toda la estrategia macrista respecto de su relación con la hegemonía kirchnerista. “No convalidamos ni nos oponemos.” Clarísimo. Y coherente: desde el arranque de su “gestión” –palabra marketinera que se le puede volver en contra si Mauricio no se demuestra digno de ella-, el jefe PRO le indicó a sus soldados que no confrontaran con la Casa Rosada. Pero hace dos meses estalló una crisis doctrinaria en el macrismo que pudo torcer el rumbo pacifista marcado por su líder. En las entrañas del gobierno porteño se habló de movilizar a los vecinos de la ciudad para protestar contra los atropellos K a nivel nacional, y hasta se tiró sobre la mesa la provocación de salir a denunciar el pacto de Kirchner y Cristóbal López en los casinos y bingos de la Ciudad. Paradojas de la vida política, entre los que plantearon esa opción hay nombres que acaban de mancharse tontamente con el escándalo de los diputruchos. Y el mismo día en que Mauricio salía a hablar mal de sus legisladores desprolijos, también justificaba su alianza táctica con el gobierno nacional en el negocio de los juegos de azar, que se concretó precisamente con una orden de Macri a la Legislatura. Y usó la palabra mágica, “recaudar”. Es decir, lo mismo que la oposición le critica a los Kirchner: los manotazos de inseguridad jurídica en nombre de la necesidad de hacer caja para el año electoral. Poco PRO, pero muy Mauricio. Lo bueno de todo esto es que se lanzó a la luz del día, en pleno Rosedal, con la pompa de una alianza pre-electoral, como las que fustiga Kirchner. Una alianza que no sólo vale para el 2009, sino que se proyecta para el 2011, cuando el kirchnerismo en retirada necesite un garante de impunidad que llegue a la Casa Rosada feliz y agradecido. Sin rencores.

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