Quizá por culpa del azar, la corrupción volvió a ponerse de moda en la discusión política. Las encuestas dicen que la inseguridad y el miedo a la recesión acaparan el pensamiento de los argentinos, pero el azar es así. Esta semana, el país volvió a ser el de siempre, el que pintó Discépolo: “en un mismo lodo, todos manoseaos”. La empresa Siemens le puso algunos nombres y apellidos célebres a la corrupción argentina, demostrando que se trata de un mal estructural. Los gobiernos pasan, el cohecho queda. Y aunque el kirchnerismo zafó del escándalo Siemens, igual coronó la semana más sucia del año con la aprobación de la ley de blanqueo de capitales sin origen confesable. Para el Gobierno fue otro triunfo de la menguante hegemonía K, pero por esas cosas del azar, el clima de fiesta se embarró de nuevo. Kirchner sintió la necesidad de salir a gritar, dolorido por el pinchazo oportuno de Elisa Carrió, que le encontró una veta al caso Cristóbal López. La jefa de la Coalición Cívica apuntó con munición gruesa al negocio de los juegos de azar, y a su relación oscura con el financiamiento de la política. Las denuncias al respecto de Luis Juez y de la Iglesia Católica le subieron la temperatura a la discusión, al punto de asustar a dos candidatos con aspiraciones para el 2011: Mauricio Macri y Daniel Scioli. Ambos están necesitados del dinero fácil de los bingos y los tragamonedas para equilibrar los presupuestos de sus respectivos distritos, pero los dos sintieron el rigor del qué dirán. Y retrocedieron, al menos hasta que baje la marea.
El que no retrocedió -fiel a su estilo- fue el presidente de facto, Néstor Kirchner. Al contrario, dobló la apuesta y trató de ensuciar a Carrió con remanidas anécdotas incómodas de su pasado. Y de paso le pegó otro cachetazo a Julio Cobos, que vio la oportunidad y, a diferencia de otras veces, aceptó el desafío de trenzarse en público con Kirchner. Previsiblemente, la pulseada volvió a subir la imagen de Cobos en las encuestas. ¿Qué pretende Néstor con estos gestos? ¿Hay una estrategia maquiavélica detrás de la alimentación kirchnerista del rol opositor del vicepresidente? ¿O es pura calentura de un gobierno acorralado? La oposición discutió esto en las últimas horas, pero no llegó a ninguna conclusión, salvo que por ahora hay que seguir desconfiando de Cobos, no sea cosa que en el 2009 se convierta en el Caballo de Troya que divida cualquier intento de frente opositor. Sobre las intenciones oficialistas y la influencia del vicepresidente en el año electoral, se aceptan apuestas.
En el río revuelto de un fin de año caliente, Carrió logró hacer pie con lo que mejor sabe hacer, que es denunciar matrices de corrupción. Y en privado se ríe del lío que armó esta semana, mientras le dicta a sus operadores la agenda pre electoral del verano. La misión general es sencilla: salir con una red gigante a pescar aliados en todos los sectores. Carrió quiere ser el embudo que reciba a radicales y peronistas, sin mucho filtro por ahora: “sólo cuídenme de que me entrampen en una foto con algún corrupto”, le advierte Lilita a su equipo. Incluso salió a provocar con la idea de una alianza estratégica con el macrismo, para ganarle al kirchnerismo por paliza. Los radicales con los que se sienta a negociar se muestran sorprendidos por la Carrió “pragmática” que ven, y ella disfruta de su nuevo personaje práctico. Durante enero, se quedará haciendo guardia en Capital, y luego recorrerá la costa atlántica, para ir tanteando el territorio bonaerense. Sabe que éste es su momento. Aunque las encuestas dicen que la gente no le tiene mucha confianza para un cargo ejecutivo, al mismo tiempo su rol de guardián de la república sigue aportándole votos, especialmente para una elección legislativa. Más en un momento en que la corrupción volvió a instalarse como tema sensible.
FIN DE FIESTA. En paralelo al “ciclo de la ilusión y el desencanto” (explicado en el clásico libro de los economistas Gerchunoff y Llach), los 25 años de democracia muestran otro ciclo recurrente, el de la corrupción y el desengaño. Cada gobierno argentino arranca con una promesa de transparencia, que suele simbolizarse con un plan de limpieza de la herencia recibida. Alfonsín llegó con el Juicio a las Juntas bajo el brazo y su denuncia de un “pacto sindical-militar”. Menem con la ola privatizadora, que sacudió a la burocracia estatal, percibida en aquel momento como un nido de ñoquis y de cajas negras de la política. De la Rúa se apoyó en figuras supuestamente intachables de la Alianza, que se asociaron a jueces y periodistas “comprometidos” para denunciar la “fiesta menemista”. Duhalde señaló las mentiras de la convertibilidad, los blindajes financieros y el peronismo neoliberal. Kirchner cambió la Corte Suprema y activó un plan de revisionismo histórico que le dio un cheque en blanco de parte de las caras más respetadas de las organizaciones de Derechos Humanos. Para su segundo mandato, pensó en Cristina como la máscara ideal para renovar su promesa de transparencia; pero la fachada duró poco. Ahora sólo le queda apelar a la vieja consigna popular del “roba pero hace”. Pero para eso, los pan dulces regalados, los 0 km accesibles y las heladeras baratas que promete deben aparecer a tiempo en las góndolas y vidrieras, antes de que la base de apoyo que aún cree en el Gobierno se sienta definitivamente defraudada. Si la crisis económica no le permite llevar más alegría a los pobres y a los ricos, entonces la hipocresía colectiva empezará a reclamar a viva voz que la Justicia investigue y castigue a los funcionarios kirchneristas, que ya se la ven venir. No es casual la ola oficialista de insultar a los jueces, tanto por la inseguridad como por la demora en las causas de DD.HH. La ruleta del 2009 ya gira a máxima velocidad: sálvese quien pueda.
lunes, 22 de diciembre de 2008
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