El viernes pasado, los presidentes de las principales empresas japonesas en el país se reunieron de urgencia en la embajada nipona para discutir una información reservada que les transmitieron desde Tokio, que habla de un movimiento económico en Buenos Aires a fines de junio: el alerta especula con escenarios de chavización de la economía argentina, disparada del dólar y hasta restricciones bancarias similares a las del tristemente célebre corralito. Es probable –y deseable- que el rumor japonés esté errado; no obstante, es evidente que las conversaciones que mantienen con el Gobierno no los tranquiliza. Hasta hace unos meses, los medios afines al oficialismo mostraban al ministro Julio De Vido intercambiando sonrisas con lobbystas nipones que aparentemente lo habían convencido de que –al igual que Brasil- optara por la norma japonesa para importar la revolución de la tevé digital a los hogares argentinos. Misteriosamente, esa euforia se enfrió, no se sabe si por la polémica generada en torno al proyecto de reforma de la Ley de Radiodifusión, o porque a los japoneses les pareció muy alto el costo de negociar con funcionarios argentinos. Tal vez, ambas cosas. Lo cierto es que la semana pasada, a la salida de su reunión con el jefe de Gabinete de Julio De Vido, el enviado Christoph Forax, asesor de la Comisión Europea en el negocio de la televisión digital, se fue con la promesa oficial de que todavía no estaba nada decidido, y que el clima electoral (más la pulseada irresuelta con el Grupo Clarín) seguiría demorando cualquier decisión: de hecho, ésa es la consigna que repiten todos los funcionarios kirchneristas por estos días. “Después del 28, hablamos.”
Pero la vida sigue. Y la errabunda estrategia de Estado en defensa de los intereses argentinos genera ruidos molestos más allá de nuestras fronteras. En su editorial de ayer, el influyente diario O Estado de Sao Paulo, calificó de “brincadeira de mau gosto” (broma de mal gusto) la aclaración de Hugo Chávez a Cristina Fernández, y asegura que la dinastía Kirchner siempre se mostró sumisa ante el líder bolivariano. El poderoso diario O Globo va más allá, y exhorta a los senadores brasileños a votar en junio contra el ingreso de Venezuela al Mercosur. El periódico avisa que una bienvenida oficial del bloque regional a Chávez difundiría sus políticas de “estatización galopante” del sector privado, lo cual -según el editorial- le haría perder a las economías del Mercosur acuerdos comerciales vitales. El tono severo de ambos comentarios sugieren que tanto O Estado como O Globo están expresando al menos la preocupación de la FIESP, la patronal industrial brasileña que ya está coordinando con sus colegas uruguayos y argentinos una cumbre de empresarios que analizará la gravedad de la situación y evaluará cómo meterle presión a sus gobiernos –especialmente a la Casa Rosada- para que se despeguen del plan económico chavista.
El incidente Techint-Cristina-Chávez está a punto de convertirse en otro caso testigo para probar la eficacia del Mercosur como mecanismo de resolución de conflictos regionales. Por ahora, lo único claro es la influencia del estilo industrial brasileño en la mente de los empresarios argentinos, que hoy ven con envidia la cohesión nacionalista de sus pares paulistanos. Al menos en el caso Techint, esa admiración se notó: la UIA reaccionó “a la brasileña” contra la ambigua postura del Gobierno ante las nuevas expropiaciones anunciadas en Caracas. Y lo que más molestó, aseguran en la intimidad de las oficinas gerenciales de Techint, fue la actitud indiferente y luego agresiva de los Kirchner ante la segunda expropiación chavista. Incluso en Olivos reconocen que hubo un manejo oficial poco inteligente de la crisis. Los principales soldados del matrimonio presidencial se muestran sorprendidos por el respaldo general y sincronizado de los sectores empresarios a la posición del hólding. Sobre todo, los enoja el apoyo de hombres de negocios K “que se han beneficiado como nunca gracias a este Gobierno”. La bronca los lleva a reprochar por lo bajo las “promesas de inversión incumplidas” del grupo, y a advertir sobre la agitación gremial que padecerá la firma en los próximos meses. Además creen que Techint está beneficiándose políticamente de este incidente, al haber consolidado su liderazgo en el panorama empresario argentino, que suele mostrarse más balcanizado que alineado. Los kirchneristas más reflexivos entienden que el cambio de discurso tan brusco del Gobierno con respecto a Techint tenía que tener un precio político. "Techint y sus vinculadas como Tenaris Siderca son un orgullo para los argentinos. Es la primer gran multinacional argentina", le decía la Presidenta, hace apenas un año, a su “teacher” Paolo Rocca, con los medios de testigos. Ahora Cristina acusa al holding de la familia Rocca de llevarse los millones afuera, mientras su marido minimiza la importancia estratégica del grupo industrial, diciendo que “La Argentina no es solo Techint”. ¿En qué quedamos? En nada. Preocupados por esta inconsistencia, ministros y gobernadores ultra K se desviven por aclarar que no les gusta Chávez y -a puertas cerradas- que les parece una locura pelearse con Techint.
A esta altura, preguntarse si el kirchnerismo tiene o no un proyecto de país, y si ese modelo está cerca o lejos del modelo bolivariano parece una ingenuidad. En la lógica K, hoy es hoy. Si la pelea con Techint sirve para polarizar al electorado, entonces no es tan mala. Si la irrupción de Chávez en la campaña electoral argentina ayuda a la estrategia oficial de convertir la elección parlamentaria en un plebiscito sobre la continuidad “del modelo”, entonces el affaire bolivariano es bienvenido. Kirchner es un maestro de hacer de la necesidad virtud. Hace un par de semanas, en Olivos se había activado un alerta roja por el posible efecto esmerilador de las caricaturas de Gran Cuñado en la imagen de los Kirchner. Ahora Néstor juega con su propio personaje de Tinelli en sus maratones de campaña por los barrios pobres del Conurbano, tratando de convertir en votos los puntos de rating que tiene el otro Néstor, el que hace el actor Freddy Villareal. Y hasta se abrazó a un sosías bonaerense de Chávez, para darle un toque chévere al proselitismo peronista. Solo falta que los operadores K lo llamen a Marce para sugerirle que sume al presidente bolivariano a la casa del reality más escalofriante de la televisión mundial.
miércoles, 3 de junio de 2009
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